miércoles, 13 de agosto de 2008

Memorias de un galán

Memorias de un galán I. (El traje de novia)

No sé si a Rodolfo Valentino, Clark Gable o Richard Gere le habrá ocurrido alguna vez, pero sin duda estas situaciones se alejan un poco del estereotipo de galán que un hombre desearía...
Recuerdo una vez que al querer salir rápidamente de mi hogar una vez duchado, me cambié la ropa interior, me puse el mismo jeans (el favorito, por no decir el único) y fui al centro con mi hermana y mi padre, un poco de gel, camisa nueva y listo... impecable, supuse que la combinación había sido perfecta porque un par de chicas que venían detrás nuestro, se adelantaron me miraron y se rieron, luego otras pasaron e hicieron lo mismo, era uno de esos días en que te sientes muy bien, winner, ganador, matador etc. etc. etc.
La cosa me comenzó a extrañar cuando esa misma situación se repite más de 2 veces ya que siendo realista, creía que me veía bien, pero todos sabemos cuanto pesamos y más de 2 era extraño.
Cerca ya de la vuelta a casa, caminando con mi hermana y mi viejo, me adelanto un poco a ellos cuando escucho la voz estremecedora de mi hermana, "Nilson, tienes un calzoncillo colgando de la pierna del pantalón", reviso mi pierna y claro, ahí estaba, aferrado a mi pierna y al zapato, el calzoncillo sustituido, el que no apareció después de la ducha, como un traje de novia, afortunadamente aunque pasamos por muchas calles, no había ninguna “frenada de camión” en él.

Memorias de un galán II. (El triángulo de las Bermudas)

El verano siempre consistía en lo mismo, la playa un par de veces al mes, exceptuando cuando el Tío Tito y la Tía Rosa nos invitaban a acampar por lo que toda la vida les agradeceré…
Tenía aproximadamente 16 años en ese entonces, con mi familia fuimos a Playa Blanca, un sitio exclusivo donde sólo podían entrar personas de la octava región y alrededores.
Nunca fui muy bueno para meterme al agua pero se me ocurrió casi antes de irnos ir a darme el último chapuzón, tenía unas bermudas blancas que me compraron para la temporada de verano del 90, 91,92 y comienzos del 93; como dije, nunca fui muy bueno para bañarme en la playa, principalmente por el frío, me carga el frío…, estando en el agua, escucho a mi padre que me grita “Nos Vamos”, suponiendo que apenas saliendo nos iríamos, se me ocurrió la brillante idea de contribuir con ese mar que tranquilo te baña, cabe indicar que el calorcito que recorre las piernas es agradable y como soy un poco flojo tampoco bajé las bermudas, suponiendo que en el agua no hay mayor problema.
Lo terrible comienza ya en el bus de vuelta, la ventana estaba abierta,… aspiro y sentía el olor a mar…que sensación más ideal!!!, luego cierro la ventana y a 10 minutos de recorrido seguía sintiendo ese olor a mar, ya tenía las piernas, los brazos hasta el pelo seco pero cierto sector de las bermudas seguía mojado, nuevamente me entró pánico, siento como todos los pasajeros también sentían el olor, el típico de esquina de borracho, luego comienzan las miradas de desaprobación, que terrible es crecer, si hubiera tenido 4 o 5 años sus miradas serían tiernas, pero con 16 imposible, nunca un trayecto Coronel-Concepción me pareció tan largo, quedé con tortícolis tanto mirar pa’ la ventana,… que vergüenza.


Memorias de un galán III. (Pinocho)

Nunca imaginé que existiera ropa que no pertenece a cierto tipo de situaciones, por ejemplo un pantalón de buzo a los 16 años es espectacular para jugar fútbol, correr, hacer deporte etc. pero para pololear (noviazgo) es más acusador que mear en una piscina, me explico, a esa edad las hormonas viven de fiesta, todo es weveo es el despertar sexual como le llaman, aunque reconozco que más que despertar quería puro acostarme… , el hablar por teléfono y comenzar el “corta tú”, “no,tú”, “no!!,corta tú”, “primero tú”, hasta que un… “corta luego o el teléfono lo vas a pagar tú?” proveniente de mi madre, mataba el momento.
Recuerdo una tarde de tiernos besos en el pasillo de su casa, esos besitos color rosa, tiernos, suaves, tipo pololeo de los cariñositos, lógicamente la temperatura comienza a subir y no solo la temperatura, cuando me doy cuenta de la situación con la nariz y los zapatos, parecía una E, a esa edad te da vergüenza y no es controlable para nada, trataba de pensar en algo menos erótico, “LOS PITUFOS” me dije a mi mismo, “LOS PITUFOS, LOS PITUFOS, LOS PITUFOS” pensé, pero inmediatamente me imagine a la Pitufina pa’ 100 pitufos y uuuuuffff la cosa empeoró.
De pronto ella me dice, vamos al living con mi familia? Uuuuuhhhhhh me entró pánico, porque una cosa es tutear a alguien mayor pero otra muy diferente es apuntarla con el dedo, recé porque los sillones estuvieran a metro y medio del piso o ser enanito, cualquiera de las 2 opciones con tal de no estar “a la altura de su familia“.
Afortunadamente simulando una especie de dolor de estómago, después de eliminar la opción de entrar como Michael Jackson, me ayudó, terminé de domar a James Dean (Rebelde sin causa) y luego me imaginé con su abuelita, santo remedio.
Cabe acotar que con el tiempo me puse menos exquisito y la opción de la abuelita ya no me parecía tan mala.